Uno de los aspectos más importantes de las organizaciones Agile es la creación de equipos de alto rendimiento con un propósito común. Más allá de que cada uno de los equipos tengan una misión, la realidad es que hay que conectar de forma adecuada la estrategia con la implantación, y precisamente eso es lo que hacen los OKRs (Objectives and Key Results).
Los OKRs nacieron en Intel, en la década de los setenta, pero se han popularizado de la mano de las empresas de Sillicon Valley desde hace veinte años. Uno de los factores más importantes de los OKRs es que deben nacer del propio CEO directamente, de la estrategia, vinculando tanto equipos de negocio, como áreas de apoyo a la creación de valor.
Los sistemas de gestión mediante OKRs basan su arquitectura en varios niveles diferentes de fijación de objetivos: a nivel de empresa; de equipo; y finalmente de cada uno de los colaboradores. Cada objetivo deberá tener uno o varios key results asociados, y éstos servirán para la fijación de los objetivos del siguiente nivel de gestión (equipos o individuos). Finalmente, para cada Key Result, se deberán asociar acciones de implantación.
Para poder entenderlo mejor, lo veremos en la siguiente ilustración:
Otro aspecto relevante a tener en cuenta, y que lo diferencia de otros sistemas de fijación de objetivos, es cómo debemos aplicar el modelo…
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Los OKRs deben estar presentes en las
discusiones del día a día de la compañía, y no tan sólo del Comité de
Dirección, sino de todos los equipos de trabajo. La idea es aprovechar los diferentes
elementos de “visual management” que utilicemos para las reuniones diarias y
semanales para incluir la revisión de los OKRs.
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A través de la revisión de los OKRs deberíamos
poder tomar decisiones de negocio en función de si las inversiones que estamos
realizando tienen el retorno esperado. Por tanto, lo óptimo es que la revisión
de los OKRs sea realizada cada semana, y no más allá de cada mes.
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Es importante que, con cierta periodicidad,
revisemos si los OKRs que hemos marcado son todavía válidos, o los cambios en
las decisiones del día a día deben conllevar cambiar los OKRs. Esta revisión
debería realizarse con una cadencia trimestral (probablemente aprovechando las
Operational Reviews), aunque dependiendo de las empresas lo hacen semestral o
anual. En todo caso, es importante que los OKRs sean flexibles y los vayamos
adaptando.
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¿Cuántos OKRs debemos fijar? En líneas generales
no existe una respuesta correcta a esta pregunta, para poder responderla
deberíamos guiarnos por el concepto de transparencia. Lo que sí que podemos
decir es que deben ser suficientes para determinar con exactitud el rumbo de la
compañía, pero no demasiados ya que complicarían todo el proceso.
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Los OKRs son objetivos sobre el impacto que causamos
en la organización (valor), no sobre el proceso que seguimos para conseguirlo
(e.g: He vendido 1 millón vs. He visitado 10 distribuidores…). Este punto es
muy importante ya que muchas compañías a día de hoy siguen KPIs burocráticos y
su seguimiento no aporta valor a la toma de decisiones.
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Otro aspecto que diferencia los OKR es el
proceso de fijación. En este sentido, si bien los OKR de compañía se fijan a
nivel de Dirección, los demás objetivos se deben ir implementando en base a los
equipos (bottom up) y después deberán ser trabajados en un proceso de
alineación progresivo.
Finalmente, mencionar que los OKRs, aunque esta puede ser otra conversación, deben marcar el performance management de todos los empleados trabajando en equipos ágiles. Sólo así conseguiremos una auténtica alineación entre estrategia y ejecución y que los colaboradores tengan un propósito compartido.
